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viernes, 18 de marzo de 2022

La prueba de que Iker Jiménez es un farsante

- Ave María purísima

- Sin pecado concebida

- Padre, hace que no escribo en serio... ni me acuerdo

- Pues empieza desde donde te acuerdes

- Pues verá, Padre, resulta que a mí desde niño siempre me han fascinado los misterios, digamos, que aparentemente no tenían explicación. Todo lo supuestamente sobrenatural, paranormal, ufológico, esotérico, enigmas históricos... hasta bichos raros.

- Eso no es ningún pecado, hijo mío.

- Ya, pero verá... Como mi curiosidad era tan grande, durante mi niñez y adolescencia me dediqué a leer todo tipo de libros y revistas sobre cualquier cosa que oliera rara (metafóricamente hablando). Y al llegar a los 16, me uní a un grupo de jóvenes (no tanto como yo) interesados en compartir opiniones y experiencias sobre estos temas, y en acercarse de manera más objetiva al estudio de los mismos así como su divulgación.

- Pero hijo mío, compartir experiencias con el prójimo en pos de la verdad y el conocimiento no es pecado siempre y cuando en eso no se contradiga ningún dogma de la Santa Iglesia Católica.

- Yo eso lo entiendo, padre, pero deje que le explique que aquel grupo que se reunía cada domingo por la tarde a tomar café y charlar en el Gran Tino al poco tiempo se legalizó como grupo de investigaciones parapsicológicas y ufológicas. Teníamos estatutos, junta directiva y estábamos dados de alta como asociación juvenil. Grupo de Investigación de Fenómenos Extraños CARONTE nos hacíamos llamar. Hasta nos hicimos un logo, carnets y un apartado de correos en el que recibíamos cartas de todo aquel que tuviera algo extraño que contarnos para poder investigarlo y comprobarlo in situ.

- Erais como Santo Tomás entonces

- Peor, padre, porque Santo Tomás al menos tuvo a Jesús delante suya y pudo meter los dedos en su llaga. Nosotros andábamos como pollo sin cabeza, pasando por edificios como el Rectorado o la Casa de los Padilla, pero nunca dábamos con nada. Hacíamos muchas fotos, vídeos y tomábamos pruebas psicofónicas, pero nunca cazábamos nada raro. Es verdad que pasaron algunas anécdotas un poco curiosas, pero nada que no pudiera explicarse por la simple casualidad.

- ¿Recuerdas alguna?

- Claro, la de nuestro primer "caso" por ejemplo. Fue en el Rectorado de Sevilla. Acudimos a pasar la noche entera, desde las 00:00 h. hasta las 6:00 h., acompañando al turno de limpiadoras que decía sufrir todo tipo de sustos y presencias paranormales desde que una noche a una se le ocurrió hacer ouija para matar el tiempo.

- ¿Y qué pasó?

- Pues varias cosas, pero la que más recuerdo era cuando íbamos todos caminando por una de las galerías centrales y llegamos a una zona en la que el techo formaba un cruce de bóvedas y había dos escaleras enormes que subían a la planta superior. Como nos decían que se oían ruidos de música, coros y otras cosas raras, uno de nosotros dijo "vamos a quedarnos en silencio un momento a ver qué se escucha", y padre, justo en ese mismo instante un cartel enorme que estaba pegado en la pared en el rellano de una de las escaleras cayó al suelo provocando un gran estruendo. Algunos se quedaron clavados del susto, otros subimos corriendo en dirección al cartel y a la planta superior con las linternas, pero no vimos nada malo. Simplemente era un cartel que se había caído casualmente en ese preciso momento.

- No veo dónde está tu pecado, hijo

- Intentaré abreviar. Tras unos años de visitas a sitios "encantados", alertas ovni, avistamientos precita y hasta ir a presenciar la aparición de la Virgen en un pueblo de Sevilla que había predicho una vidente, algunos de los integrantes formamos la Sociedad Andaluza de Parapsicología y Ufología LOGOS, que era una mezcla de jóvenes investigadores con algunos muy veteranos para, básicamente, hacer lo mismo que hacíamos entonces, pero con ayuda y asesoramiento de personas con más experiencia. 

- ¿Recuerdas alguno?

- Claro que sí, padre. Como presidente estaba Enrique Valls, como vocal de ufología José Ruesga, Juan Sánchez Gallego ocupaba la vocalía de esoterismo. Había algunos más, como José Luis Hermida, y aparte, algunos de los jóvenes manteníamos contacto con otros investigadores locales. De Enrique Vila es del que guardo el recuerdo con más cariño. Tenga usted en cuenta que le estoy resumiendo mucho. Fueron casi cinco años muy intensos.

- ¿Y qué pasó?

- ¿Cuándo?

- Al final, ¿por qué acabaste?

- Bueno, hubo varios motivos, por cada una de las partes. Hablando por la mía, sufrí un enorme desengaño, no tanto con los fenómenos en sí, sino con el trato con la gente a la que suponía cercana y amiga, honorable, auténtica... leal.

- ¿Te hicieron daño?

- Me sentí usado a la par que menospreciado, padre, y en un determinado momento, decidí romper con todo aquello.

- Pero entonces, ¿cuál fue tu pecado?

- Antes de eso, deje que le cuente uno de los últimos casos que intentamos investigar, padre. 

- Muy bien, pero abrevia, que está Doña Rosario esperando a que la confiese y es una mujer muy impaciente.

- Pues verá, padre. Resulta que nos llegó la noticia, no recuerdo ahora cómo, de que en las obras que había en el antiguo Hospital de las Cinco Llagas para reformarlo y convertirlo en la sede del Parlamento Andaluz estaban sucediendo fenómenos paranormales. Por un lado, nos habían dicho que los vigilantes nocturnos no se atrevían a pasar por según qué zonas del edificio, que alguno había visto a una monja, que incluso la imagen de la monja se había quedado plasmada en una de las paredes, como aquellas de Bélmez. Incluso nos contaron que uno de los guardias se quedó encerrado en una sala en la que los cuadros se movían todos a la vez mientras la cerradura de la puerta se quedó "atrancada". Todo esto nos llevó a concertar una entrevista con el director de las obras allí mismo, en el edificio, para hacerle algunas preguntas y solicitarle permiso para llevar a cabo algunas de nuestras investigaciones y pruebas, siempre con la más estricta discreción. El director de las obras, de forma muy amable y hasta simpática, dijo que no podía darnos permiso y echó la culpa de aquellos rumores a gente con mucha imaginación y a otra con muchas ganas de cachondeo.

- Hijo, ¿tú me has visto cara del Santo Job? 

- Perdone, padre, ya acabo. ¿Recuerda usted que el Hospital de las Cinco Llagas estuvo cerrado desde principios de los 70 y que las obras de remodelación tuvieron lugar entre finales de los 80 y principios de los 90?

- Sí, claro, que me acuerdo. Muchas mañanas iba por entonces a tomar café al bar Plata, que está allí cerca.

- Pues verá, padre. El otro día haciendo zapping en la tele me encontré con el programa de Iker Jiménez, uno que echan en Cuatro llamado Cuarto Milenio.

- Sí, lo conozco.

- Pues allí vi como estaban tratando justo este caso, el de los fantasmas del Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla, pero cuál es mi sorpresa cuando en la recreación que hacen a modo de introducción antes del debate con los invitados al programa, se habla del Hospital como un hospital en activo y moderno, con sus quirófanos, sus pasillos de hospital actual etc. Recuerde usted que el Hospital de las Cinco Llagas fue construido en el siglo XVI al estilo de la época, pero en el vídeo de recreación lo que se ve es otra cosa mucho más moderna. Y luego después cuando llega el debate, Jiménez trae a un invitado al que le pixela la cara diciendo que es un vigilante que estuvo prestando servicio en el hospital, ya digo, hospital en activo, y que dada la presión por los constantes fenómenos extraños tuvo que dejar el trabajo, pero ¿cómo podía este hombre trabajar en el Hospital de las Cinco Llagas siendo un hospital que no estaba en activo desde hacía más de 40 años? Por mucho pixelado que tuviera, se veía claramente que el vigilante no tendría ni siquiera esos 40 años.

- Así que Iker Jiménez mintió

- Exacto, padre, de manera totalmente descarada, al menos para los habitantes de Sevilla que conocemos la historia del edificio.

- ¿Y tu pecado cuál fue?

- La ira, padre, la ira. Me sentí muy cabreado y enfadado y llamé a Jiménez de todo: vendehumos, embaucador, engañabobos, trolero, pesetero... Realmente deseé en ese momento que le chaparan el programa y que se viera abocado a malvivir para pagar tantos años de mentiras, porque si nos había mentido en eso, ¿en qué más lo había hecho? Ni se sabe, padre, pero sospecho que mucho.

- Hijo mío, no es por desconfiar de ti, pero me resulta un poco difícil de creer que en una televisión nacional saquen un programa diciendo que un hospital que lleva más de cuarenta años cerrado está en activo actualmente. 

- ¿No me cree, padre? Véalo usted mismo, pero por favor, antes deme la absolución.

- ¿Te arrepientes de tu ira y de desearle el mal al prójimo?

- Sí, padre, pero no me quito de la cabeza que se haga justicia y la verdad salga a la luz.

- Pues escríbelo y cuéntaselo a todo el mundo, ¿no tenías un blog? algo de todo está mal...

- La Cosa Está Muy Mal.

- Eso, como decía Chiquito de la Calzada, que en paz descanse

- Jaja, qué grande!

- Reza dos avemarías, un padrenuestro y pídele perdón y deséale lo mejor a Iker Jiménez. Ego te absolvo a peccatis tuis in nomine Patris et Filli et Spiritus Sancti

- Amén

- Oye, ¿y lo que me ibas a enseñar?

- Ah sí, mire



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