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sábado, 24 de septiembre de 2022

No compraré "nunca" más un Xiaomi, y esta es la razón

Sí, yo también he caído en la tentación de unirme a esa insana plaga que inunda los titulares de prensa de los últimos años llamada clickbait. Pero para saber la razón primero hay que matizar, ya que no en todos los casos dejaría de recomendar Xiaomi como una opción a considerar, y me voy a explicar, empezando por la respuesta corta.

No compraré "nunca" más un Xiaomi porque solo garantizan actualizaciones y parches de seguridad durante al menos dos años desde la fecha de lanzamiento de la primera remesa de cada modelo.

Pues esto que parece una tontería no lo es tanto según el uso que le des al móvil, y ahora sí que me voy a enrollar a la vez que intentar ir al meollo, pero permitidme que haga un breve repaso de conceptos básicos.

Los móviles Xiaomi tienen como sistema operativo Android, con una capa de personalización que agrega la firma china llamada Miui. Para el que tenga poca idea, es como si una marca de ordenadores los vende con un Windows preinstalado, pero al ser suyos, han personalizado el Windows con los iconos de la marca, el fondo de pantalla y algunas aplicaciones propias de la empresa, pero el corazón sigue siendo Windows. Pues Windows en los móviles de Xiaomi sería el Android, y el aspecto y apps personalizadas que le pone la marca sería Miui.

Android, como todo sistema operativo, suele presentar fallos de seguridad a medida que pasa el tiempo y los hackers van investigándolo y encontrando "agujeros" por los cuales colarse para hacer sus fechorías, habitualmente sin ánimo de lucro (de Algeciras), pero otras veces lo que buscan es tus contraseñas, claves y demás detalles que les permitan robarte todo el parné que les sea posible. Y aquí es donde llegamos a una cuestión importante porque algunos diréis "¿dinero en el móvil? si yo nada más que lo uso para llamar, el whatsapp y el facebook", y tendréis razón. En ese caso el único peligro que corréis es que los hackers violen la intimidad de vuestro móvil, conversaciones, llamadas, fotos, pero con nulo o poco probable perjuicio económico. Ojo, porque en este punto ha aparecido la sextorsión, una nueva forma de extorsión basada en chantajear a la víctima que conserva en su móvil fotos, digamos, un poco salidas de tono, amenazando con publicarlas si no reciben una compensación económica a cambio.

Pero digamos que ni tenéis fotos enseñando vuestras vergüenzas ni ninguna app del banco, ni tampoco paypal y ni mucho menos os atrevéis a pagar usando eso del NFC con el que acercas el móvil al datáfono y "esto está ya tó pagao". Entonces, y solo entonces, Xiaomi puede ser una buena compra porque:

- Son móviles robustos y duraderos (pueden durar tranquilamente 4, 5 o incluso más años).
- La relación calidad/precio es bastante atractiva.
- Hay muchos modelos de muchos precios a elegir, por lo que podéis escoger el modelo que más se ajuste a vuestro presupuesto.
- Suele haber ofertas aún mejores si los compras directamente a China (vía Aliexpress y similares).

Y llegados a este punto, cuento mi caso.

Corría julio de 2019 cuando le llegó la hora a mi antiguo Samsung Galaxy S7. Un móvil con una excelente cámara pero que cada vez daba más problemas de batería y que acabó feneciendo cierto día que me lo dejé en el salpicadero del coche recibiendo todo el cariño de nuestro astro rey durante más tiempo del aconsejable. Resumen, el móvil se me frió. Y me fijé en el pepino de Xiaomi de por aquel entonces, el Mi 9, con una excelente cámara, un excelente procesador y 128 GB de memoria interna. Lo habían lanzado en marzo de 2019 pero encontré una oferta (en China) con la que lo tendría en casa por unos 500 y pico euros. Para el que se lleve las manos a la cabeza, aclarar que, si no fuera por mi afición a la fotografía y el vídeo, no me gastaría más de 200-220 euros en un móvil, pero en este caso, la cámara me importa bastante, y el plus hay que pagarlo amigo. Sigamos.

Han sido unos años felices, he sacado fotones, he grabado buenos vídeos con calidad 4K a 60 fps, e incluso con la GCam instalada en su versión para Xiaomi Mi 9, he conseguido una estabilización de dichos vídeos (que no traía el móvil de fábrica) bastante aceptable. En resumen, el móvil ha estado funcionando pero que muy bien, y solo de higos a brevas había que reiniciarlo.

Vista desde casa rural en El Gastor (Cádiz) hecha con el Xiaomi Mi 9 

Puente de piedra desde la Hostería Real de Zamora

Ni que decir tiene que en todos lados pago con Google Pay acercando el móvil al datáfono, que tengo mis apps del banco, mi Paypal, el bizum... y hasta el control de pagos de las fotos que vendo en Eyeem o en Shutterstock. También ha funcionado estupendamente con el Android Auto del coche, integrándose perfectamente una vez aprendes su funcionamiento. Todas estas y un montón de utilidades y aplicaciones más han estado funcionando correctamente durante estos tres años y me planto en septiembre de 2022 con un móvil de más de 3 años pero que está como nuevo. Debido a la carcasa y el protector de pantalla, incluso el aspecto es el de un móvil nuevo, y la batería apenas se ha resentido. Pero oh, amigos, ya no puedo seguir usándolo de manera segura.

Resulta que Xiaomi publicó su última actualización para este móvil en julio de 2021, y hace solo unos días lo añadió a la lista de modelos que no iban a recibir ninguna actualización más, ni siquiera parches de seguridad. 

La verdad es que cambiar de versión de Miui o Android me daba un poco igual, mientras los parches de seguridad estuvieran al día para proteger el móvil frente a hackers y malware, pero que Xiaomi haga esto con un móvil de más de 500 euros que fue buque insignia de su marca me parece imperdonable.

Puede que en un futuro se establezcan leyes en España o en Europa que obliguen al fabricante a mantener las actualizaciones de seguridad durante, al menos 3 años desde que se lanzó la última remesa del móvil a la venta, y si Xiaomi cumple dicha obligación legal, no tendría problemas en volver a comprar otro dispositivo de la marca, pero mientras no haya ningún cambio en este sentido, no volveré a comprar ningún móvil chino. Y os recomiendo a todos aquellos que usen el móvil para alguna utilidad relacionada con el dinero o que tengan información sensible que tampoco lo hagan.

Y bueno, por si no nos vemos luego, buenos días, buenas tardes y buenas noches.



miércoles, 4 de mayo de 2022

Una ola de nihilismo invade la Feria de Abril 2022

Tras dos años de interrupción de la feria de abril de Sevilla a causa de la pandemia de coronavirus, 2022 ha sido el año de la vuelta a la normalidad en el calendario festivo de la ciudad hispalense, o al menos eso se pensaba.

Varios testimonios gráficos corroboran que una ola de nihilismo ha invadido el Real de la feria y no son pocos los feriantes que se han visto sorprendidos por pensamientos y conclusiones que se identifican con lo que se conoce con el término de nihilismo existencial.

Muchos de ellos han interrumpido abruptamente la fiesta, el fandango y la jarana para retirarse en soledad, incluso fuera del Real, con el objetivo de reflexionar profundamente acerca del sentido de la vida y de la existencia misma de las cosas.




Al grito de "¡Heidegger es mi compadre!" los feriantes nihilistas se han reconocido entre ellos y han logrado reunirse para formar una peña con el objetivo de solicitar una caseta en el Real de la Feria. Su portavoz afirmaba "Queremos que Amigos de Nietzsche sea un espacio para la reflexión, un oasis de soledad y duda en el Real, que sea la caseta de los que por fin se han dado cuenta de que nada tiene sentido, y que aquellos que quieran reflexionar no tengan que sentarse en cualquier acera o portal o incluso en el frío suelo. Queremos que esta sea su caseta y que sea aquí donde disfruten y padezcan la insoportable levedad del ser. ¡Viva Kierkegaard!".












viernes, 18 de marzo de 2022

La prueba de que Iker Jiménez es un farsante

- Ave María purísima

- Sin pecado concebida

- Padre, hace que no escribo en serio... ni me acuerdo

- Pues empieza desde donde te acuerdes

- Pues verá, Padre, resulta que a mí desde niño siempre me han fascinado los misterios, digamos, que aparentemente no tenían explicación. Todo lo supuestamente sobrenatural, paranormal, ufológico, esotérico, enigmas históricos... hasta bichos raros.

- Eso no es ningún pecado, hijo mío.

- Ya, pero verá... Como mi curiosidad era tan grande, durante mi niñez y adolescencia me dediqué a leer todo tipo de libros y revistas sobre cualquier cosa que oliera rara (metafóricamente hablando). Y al llegar a los 16, me uní a un grupo de jóvenes (no tanto como yo) interesados en compartir opiniones y experiencias sobre estos temas, y en acercarse de manera más objetiva al estudio de los mismos así como su divulgación.

- Pero hijo mío, compartir experiencias con el prójimo en pos de la verdad y el conocimiento no es pecado siempre y cuando en eso no se contradiga ningún dogma de la Santa Iglesia Católica.

- Yo eso lo entiendo, padre, pero deje que le explique que aquel grupo que se reunía cada domingo por la tarde a tomar café y charlar en el Gran Tino al poco tiempo se legalizó como grupo de investigaciones parapsicológicas y ufológicas. Teníamos estatutos, junta directiva y estábamos dados de alta como asociación juvenil. Grupo de Investigación de Fenómenos Extraños CARONTE nos hacíamos llamar. Hasta nos hicimos un logo, carnets y un apartado de correos en el que recibíamos cartas de todo aquel que tuviera algo extraño que contarnos para poder investigarlo y comprobarlo in situ.

- Erais como Santo Tomás entonces

- Peor, padre, porque Santo Tomás al menos tuvo a Jesús delante suya y pudo meter los dedos en su llaga. Nosotros andábamos como pollo sin cabeza, pasando por edificios como el Rectorado o la Casa de los Padilla, pero nunca dábamos con nada. Hacíamos muchas fotos, vídeos y tomábamos pruebas psicofónicas, pero nunca cazábamos nada raro completamente inexplicable. Es verdad que pasaron algunas anécdotas un poco curiosas, pero nada que no pudiera explicarse por la simple casualidad o por causas naturales.

- ¿Recuerdas alguna?

- Claro, la de nuestro primer "caso" por ejemplo. Fue en el Rectorado de Sevilla. Acudimos a pasar la noche entera, desde las 00:00 h. hasta las 6:00 h., acompañando al turno de limpiadoras que decía sufrir todo tipo de sustos y presencias paranormales desde que una noche a una se le ocurrió hacer ouija para matar el tiempo.

- ¿Y qué pasó?

- Pues varias cosas, pero la que más recuerdo era cuando íbamos todos caminando por una de las galerías centrales y llegamos a una zona en la que el techo formaba un cruce de bóvedas y había dos escaleras enormes que subían a la planta superior. Como nos decían que se oían ruidos de música, coros y otras cosas raras, uno de nosotros dijo "vamos a quedarnos en silencio un momento a ver qué se escucha", y padre, justo en ese mismo instante un cartel enorme que estaba pegado en la pared en el rellano de una de las escaleras cayó al suelo provocando un gran estruendo. Algunos se quedaron clavados del susto, otros subimos corriendo en dirección al cartel y a la planta superior con las linternas, pero no vimos nada malo. Simplemente era un cartel que se había caído casualmente en ese preciso momento.

- No veo dónde está tu pecado, hijo

- Intentaré abreviar. Tras unos años de visitas a sitios "encantados", alertas ovni, avistamientos precita y hasta ir a presenciar la aparición de la Virgen en un pueblo de Sevilla que había predicho una vidente, algunos de los integrantes formamos la Sociedad Andaluza de Parapsicología y Ufología LOGOS, que era una mezcla de jóvenes investigadores con algunos muy veteranos para, básicamente, hacer lo mismo que hacíamos entonces, pero con ayuda y asesoramiento de personas con más experiencia. 

- ¿Recuerdas alguno?

- Claro que sí, padre. Como presidente estaba Enrique Valls, como vocal de ufología José Ruesga, Juan Sánchez Gallego ocupaba la vocalía de esoterismo. Había algunos más, como José Luis Hermida, y aparte, algunos de los jóvenes manteníamos contacto con otros investigadores locales. De Enrique Vila es del que guardo el recuerdo con más cariño. Tenga usted en cuenta que le estoy resumiendo mucho. Fueron casi cinco años muy intensos.

- ¿Y qué pasó?

- ¿Cuándo?

- Al final, ¿por qué acabaste?

- Bueno, hubo varios motivos, por cada una de las partes. Hablando por la mía, sufrí un enorme desengaño, no tanto con los fenómenos en sí, sino con el trato con la gente a la que suponía cercana y amiga, honorable, auténtica... leal.

- ¿Te hicieron daño?

- Me sentí usado a la par que menospreciado, padre, y en un determinado momento, decidí romper con todo aquello.

- Pero entonces, ¿cuál fue tu pecado?

- Antes de eso, deje que le cuente uno de los últimos casos que intentamos investigar, padre. 

- Muy bien, pero abrevia, que está Doña Rosario esperando a que la confiese y es una mujer muy impaciente.

- Pues verá, padre. Resulta que nos llegó la noticia, no recuerdo ahora cómo, de que en las obras que había en el antiguo Hospital de las Cinco Llagas para reformarlo y convertirlo en la sede del Parlamento Andaluz estaban sucediendo fenómenos paranormales. Por un lado, nos habían dicho que los vigilantes nocturnos no se atrevían a pasar por según qué zonas del edificio, que alguno había visto a una monja, que incluso la imagen de la monja se había quedado plasmada en una de las paredes, como aquellas de Bélmez. Incluso nos contaron que uno de los guardias se quedó encerrado en una sala en la que los cuadros se movían todos a la vez mientras la cerradura de la puerta se quedó "atrancada". Todo esto nos llevó a concertar una entrevista con el director de las obras allí mismo, en el edificio, para hacerle algunas preguntas y solicitarle permiso para llevar a cabo algunas de nuestras investigaciones y pruebas, siempre con la más estricta discreción. El director de las obras, de forma muy amable y hasta simpática, dijo que no podía darnos permiso y echó la culpa de aquellos rumores a gente con mucha imaginación y a otra con muchas ganas de cachondeo.

- Hijo, ¿tú me has visto cara del Santo Job? 

- Perdone, padre, ya acabo. ¿Recuerda usted que el Hospital de las Cinco Llagas estuvo cerrado desde principios de los 70 y que las obras de remodelación tuvieron lugar entre finales de los 80 y principios de los 90?

- Sí, claro, que me acuerdo. Muchas mañanas iba por entonces a tomar café al bar Plata, que está allí cerca.

- Pues verá, padre. El otro día haciendo zapping en la tele me encontré con el programa de Iker Jiménez, uno que echan en Cuatro llamado Cuarto Milenio.

- Sí, lo conozco.

- Pues allí vi como estaban tratando justo este caso, el de los fantasmas del Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla, pero cuál es mi sorpresa cuando en la recreación que hacen a modo de introducción antes del debate con los invitados al programa, se habla del Hospital como un hospital en activo y moderno, con sus quirófanos, sus pasillos de hospital actual etc. Recuerde usted que el Hospital de las Cinco Llagas fue construido en el siglo XVI al estilo de la época, pero en el vídeo de recreación lo que se ve es otra cosa mucho más moderna. Y luego después cuando llega el debate, Jiménez trae a un invitado al que le pixela la cara diciendo que es un vigilante que estuvo prestando servicio en el hospital, ya digo, hospital en activo, y que dada la presión por los constantes fenómenos extraños tuvo que dejar el trabajo, pero ¿cómo podía este hombre trabajar en el Hospital de las Cinco Llagas siendo un hospital que no estaba en activo desde hacía más de 40 años? Por mucho pixelado que tuviera, se veía claramente que el vigilante no tendría ni siquiera esos 40 años.

- Así que Iker Jiménez mintió

- Exacto, padre, de manera totalmente descarada, al menos para los habitantes de Sevilla que conocemos la historia del edificio.

- ¿Y tu pecado cuál fue?

- La ira, padre, la ira. Me sentí muy cabreado y enfadado y llamé a Jiménez de todo: vendehumos, embaucador, engañabobos, trolero, pesetero... Realmente deseé en ese momento que le chaparan el programa y que se viera abocado a malvivir para pagar tantos años de mentiras, porque si nos había mentido en eso, ¿en qué más lo había hecho? Ni se sabe, padre, pero sospecho que mucho.

- Hijo mío, no es por desconfiar de ti, pero me resulta un poco difícil de creer que en una televisión nacional saquen un programa diciendo que un hospital que lleva más de cuarenta años cerrado está en activo actualmente. 

- ¿No me cree, padre? Véalo usted mismo, pero por favor, antes deme la absolución.

- ¿Te arrepientes de tu ira y de desearle el mal al prójimo?

- Sí, padre, pero no me quito de la cabeza que se haga justicia y la verdad salga a la luz.

- Pues escríbelo y cuéntaselo a todo el mundo, ¿no tenías un blog? algo de todo está mal...

- La cosa está muy mal.

- Eso, como decía Chiquito de la Calzada, que Dios lo tenga en su gloria

- Jaja, qué grande!

- Reza dos avemarías, un padrenuestro y pídele perdón y deséale lo mejor a Iker Jiménez. Ego te absolvo a peccatis tuis in nomine Patris et Filli et Spiritus Sancti

- Amén

- Oye, ¿y lo que me ibas a enseñar?

- Ah sí, mire