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jueves, 23 de marzo de 2006

Timidez y wifi

Esta mañana he ido a desayunar, para variar. Iba solo y, camino de la cafetería que está cerca de mi trabajo, he pasado por la entrada de la Subdelegación del Gobierno y, al ser poco antes de las 9, que es la hora de apertura, había una inmensa cola, más larga que otros días, la mayor parte extranjeros que acuden a realizar trámites para quedarse o aumentar el plazo de estancia aquí. Mientras pasaba me iba fijando en sus caras, todas serias, algunas con sueño. Los había de muchas razas y nacionalidades, pero principalmente sudamericanos y africanos.

Ya casi al final de la cola, y mientras bajaba las escaleras, me encuentro de frente a una belleza sudamericana de cuento de hadas. Unos rasgos perfectos, alta, un cuerpo escultural... De verdad, una de esas chicas que siempre afirmas que no existen o, por lo menos, que no has visto ninguna en persona, solo en el cine y la televisión. Pero allí estaba, y lo más extraño de todo, mientras la miraba, ella me mantuvo la mirada, como queriendo preguntarme o decirme algo y no se atrevía.

Quizás acababa de llegar a España con un trabajo apalabrado con fecha de caducidad y un montón de esperanza por conocer a su príncipe azul español y establecerse aquí y formar una familia. Quizá simplemente le gustan los hombres altos y hubiera querido que le dijera cualquier cosa para empezar una conversación... O quizás solo era una prostituta arreglando papeles que se fijaba en cualquier cosa o persona que pasaba, presa del aburrimiento y un poco anestesiada por el sueño que le faltó echar la noche anterior.

En un mundo de ciencia-ficción se me habría ocurrido algo para iniciar una conversación con ella y lo habría hecho y, quizás, ahora mismo, no estaría escribiendo ésta aventura frustrada y consecuente teoría en el sistema de notas de mi móvil, en la barra de esta cafetería, al lado del presentador de la edición nocturna del informativo televisivo regional, sino estudiando la orografía de sus pechos y repasando su geografía inguinal, como si del Google Earth se tratara, en un primer y apasionado encuentro que sería el inicio del resto de nuestros días. Pero mi timidez, de un grado ya casi patológico, hace que me consuma en esta incertidumbre que ya, dicho sea de paso, tampoco es que me consuma tanto, al ser ésta una situación típica en la vida de los tipos tímidos e inseguros como yo, con la frase "¿Y si hubiera...?" ya completamente gastada por el excesivo uso.

En vez de lanzarnos al agua, nos quedamos en la orilla, reflexionando sobre naturaleza del agua, lo que pasaría si hubiera demasiada o cuando ya no haya apenas, políticas de ahorro de la misma, y demás zarandajas... No hay que pensar tanto! Hay que actuar! O, como decía Hobbes, "primero vivir, después filosofar".

Y de acordarme de Hobbes, pasé a acordarme de los móviles wifi y de la mensajería instánea vía bluetooth. Y se me ocurrió lo que pueden llegar a cambiar las relaciones entre las personas con un sistema que permita "publicar" en un radio de acción determinado (100 m. en los móviles wifi) tus intereses u objetivos, aplicados a cualquier ámbito.

Sería como un "Cambalache" ambulante, en el que podemos publicar, por ejemplo, que alquilamos un piso, que buscamos a alguien para trabajar en nuestra cafetería, o que no tenemos pareja y buscamos a alguien que le guste ir los fines de semana con la moto a la playa y bucear. En fin, que sería un sistema muy completito donde ponemos aquello que podríamos querer de cualquiera (vender, comprar, contratar, conocer...), y esa información la metemos en un programita en Java instalado en nuestro móvil wifi que la difunde en un radio de 100 m. (aprox.), donde quiera que vayamos y queramos activarlo. Si este sistema se populariza, imaginaos la repercusión que puede llegar a tener, no solo ya en las relaciones sociales, sino en cualquier ámbito de la vida, el comercio, el mundo laboral, etc. ¿Quieres vender tu moto? Publícalo en tu móvil wifi! Al pasar cerca de alguien que esté buscando una moto de segunda mano, vuestros móviles os avisarán y, directamente, podréis cerrar el trato allí mismo, tomando una cervecita (eso que nunca falte). Puedes estar buscando trabajo y, cruzarte, sin saberlo con ese empresario que tiene el puesto ideal, cerquita de casa, con horario compatible, bien pagado y estable (incluso lo podrías haber detectado desde tu propia casa, al ofertarse ese puesto en unas oficinas del edificio contigüo). El mundo de la publicidad podría también entrar en nuestros móviles de proximidad, no sé muy bien cómo, pero es cuestión de poner otro posts imaginando cómo se podría ganar dinero con la publicidad en móviles wifi. Y así, infinitas aplicaciones. ¿Alguna más que se me ocurra? Ah, sí... Nuestra amiga, la princesa mestiza.

Con este sistema, quizá no hubiera hecho falta nada más que esa proximidad para saber con seguridad que ella, que no se ha apuntado a Meetic porque no tiene posibilidad y ni siquiera lo conoce, estaba deseando encontrar a su príncipe azul español, que midiera más de 1.90, moreno, delgado, y de unos 32-33 años... Ella ha registrado su búsqueda esa misma mañana en el móvil que compró el día anterior. Y yo, que voy con la antena desplegada y el corazón abierto, voy a por ella, con algo más de confianza (léase aquí "cojones") que en el mundo sin móviles wifi porque sé que ella busca a alguien que puedo ser yo. Que a lo mejor no soy yo, pues vale. Pero las probabilidades de coincidencia de intereses desde luego aumentan con respecto a la situación de incertidumbre que os contaba al principio.

Solo falta esperar a que esos nuevos móviles cuajen en el mercado, es decir, que se extiendan y se abaraten, para que empiecen a salir nuevas aplicaciones tipo mobiluck-cambalache que relacionen a las personas de otra manera, y por fin, nos salven a los tímidos de la falta de huevos para decirle guapa a la chica que pasa.