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lunes, 5 de septiembre de 2011

Y así nos va...

En una de mis últimas entradas en este humilde blog, adoptaba una personalidad con la que no me siento en absoluto identificado para denunciar, con un intento de ironía, una a mi pesar triste realidad de la que apenas he leído nada en los últimos meses.

En los foros del movimiento 15M, en blogs, en la web de Democracia Real Ya, y en tantos otros medios, principalmente en Internet, se exponen hasta la saciedad multitud de argumentos en contra de los mercados, de los políticos, o mejor dicho, de lo que están haciendo ambos. Se pide democracia para el pueblo, se dice que son (que somos) muchos los indignados que no estamos de acuerdo con lo que el Gobierno y los mercados financieros están haciendo... Pero se obvia una triste realidad: que somos minoría. Sencillamente porque si fuéramos mayoría, los resultados en las urnas hubieran sido bastante reveladores al respecto, y hoy, por ejemplo, no estaríamos asistiendo a la reforma de nuestra Carta Magna precisamente en pos de una aplicación más legítima de políticas neoliberales salvajes: privatización de servicios públicos, aumento de los impuestos a las clases medias, recorte del gasto social, etc...

En consecuencia, no creo que los políticos, o los mercados financieros que los usan como instrumentos para aplicar las políticas que económicamente les interesan sean la verdadera bestia negra a la que tenemos que atacar, sino que esta bestia habita entre nosotros, probablemente en nuestro círculo más personal: familia, amigos, trabajo... Me estoy refiriendo a la ignorancia escogida, a la pereza para informarse sin prejuicios y contrastar la información, a la irresponsabilidad de una actitud crítica y formada sobre los asuntos que a todos nos afectan, al insensible egoísmo que defiende el interés personal aunque tus congéneres se pudran en la miseria, a la dócil voracidad con la que la mayoría de la población enguye y digiere la basura informativa que los medios "oficiales", manipulados por el poder tanto político como económico, escupen a través de la prensa o televisión.

Son estas actitudes, tan comunes a mi alrededor, las que a mí, personalmente, más me indignan, a la vez que deslegitiman mi reclamo de democracia, porque, por mucho ruido que hagamos, la mayoría, silenciosa, pasiva, embrutecida, resignada, coprófaga, sigue votando a los mismos de siempre.


And so it goes...